Recorría su pupila, Cuántas veces empañada, Por una lágrima que oscila, De felicidad ser evocada. Me perdía en sus engaños, Sus mentiras bien planeadas, Venían ya de antaño, Y pensaban toneladas. Mas mi propia ceguera, Era la que asesinaba, Y ojalá pudiera, Matarme con su daga. Yo en sus ojos veía, El amor que no me daba, Una puerta que no abría, El alma que me sacaba. Las palabras de brisa, Se iban con el viento, Su mirada que hipnotiza, En mí ya no la encuentro. Y una gota de cristal, Una que no frené, Aterrizó sobre el rosal, Que un día planté. Caminé sin piernas, Lloré una canción, Busqué en poemas, Un pedazo de corazón. |