Mis brazos se extienden abrazando el infinito de nuestro misterio y se cierran protegiendo a tu desahogo, aliviándolo con los aires frescos del amor real y de la pureza del sentimiento inquebrantable que sufre solamente por no poder amar. Mis días huyen locamente y se suicidan en la incertidumbre del olvido desprestigiándose por tu distancia sin encontrar aún las horas que querrán vivir como únicos tiempos bien vividos, los que estén contigo, así sea poco antes de partir. Mis otros amores se entierran en la profundidad más infernal de la condena del adiós porque no creen poder soportar la escena celestial de nuestras miradas danzando en los sueños de pasión que compartiremos juntos en las nubes anheladas. |